Hay personas a las que es muy fácil admirar, por cuánto saben y por hacer un trabajo donde todos pueden ver su fe y su pasión por la causa de Dios. Sin embargo, también admiro mucho a aquellas personas que por diversos motivos no son muy conocidas, pero que hacen un trabajo silencioso de la mano de Dios, con fe en que su recompensa vendrá siempre de Él. Quiero compartir contigo hoy, a una de las personas de la Biblia que quizás no tienen libros con su nombre, pero que tienen historias que pueden ser una constante inspiración para nosotros.
Uno de mis héroes de la fe murió hace dos mil años en una cruz. Pero no, no era un carpintero ni hacía milagros. A decir verdad, vivió su vida de la peor forma que te puedes imaginar: Era un ladrón. Y si bien no sabemos mucho de él, no me sorprendería que haya llenado su vida de decisiones realmente terribles. Pero sí hay un par de cosas que sabemos de él. Tuvo el honor de estar al lado de nuestro Salvador en el momento más importante de la historia y hoy es parte de esa tribuna de redimidos que nos animan cada día a seguir con la obra del Señor.
¿Qué hizo a su historia tan especial? No sus actos, pero sí una fe no solo desesperada sino que no estuvo basada en lo que los demás podían decir o pensar.
Para entenderlo mejor, hagamos memoria. ¿Recuerdas cuántas personas seguían a Jesús cuando él los sanaba, los alimentaba y les compartía la Palabra? Literalmente eran miles de personas siguiéndolo cuando todo parecía estar bien. Ahora bien, piensa en cuantas personas estuvieron junto a Jesús después que fue arrestado y crucificado, en su momento más difícil. Sí, solo dos personas. Este cuadro no me parece muy motivador para persuadir a un nuevo cristiano. Y sin embargo, cuando el mundo decía que seguir a Jesús era perder el tiempo, un ladrón tomó las fuerzas necesarias para escucharlo, y creer en su perdón sobrenatural y su esperanza de vida eterna.
El ladrón dijo: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.” — “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”, le contestó Jesús. (Lucas 23:42-43)
Nunca terminaré de entender cómo puedes pedirle algo así a alguien que sabes que no vivirá mucho tiempo, sabiendo que tú mismo te vas a morir. Pero pese a que la gente y lo que él veía decían que no tenía sentido creer, él de alguna manera sabía que la historia de Jesús no terminaba ahí. Sabía que el Mesías iba a resucitar para traer vida y esperanza. ¿Sabes? Creo que si él no hubiera muerto hubiera dado su vida entera a Dios desde ese día, como muestra de gratitud.
Tu y yo aún tenemos esa oportunidad de darle todo a él en gratitud. Mi pregunta es, ¿necesitas ver las obras de Dios para creer? ¿O puedes creer ciegamente para luego ver las obras de Dios en tu vida? Respecto a la vida de este ladrón, tengo otra pregunta para ti. ¿Crees que no eres lo suficientemente bueno como para agradarle? ¿Estás esperando ordenar tu vida primero, antes de restaurar tu amistad con Dios? Él quiere llevarte a un nivel más alto en tu vida hoy mismo, en el instante que tú digas “Padre, yo creo en ti, en tu perdón y tu esperanza; y prometo darte mi vida en gratitud.” Amén.