Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mateo 5:16)
Hace unos días recordaba con una amiga que cuando llegué a la iglesia no hablé con nadie en 4 o 5 meses. Eran solo idas y venidas los días domingos. Creo que a algunos les ha pasado, ¿verdad? En mi corazón ya tenía las ganas de involucrarme más y, claro, hablar con alguien. Un día me entregaron un folleto donde estaban todos los ministerios para poder apoyar. Fue deslumbrante ver que no era uno, sino varios los lugares donde podía servir y también hacer nuevos amigos. Fue en ese tiempo que empezó una nueva aventura en mi vida junto a Dios.
Luego de orar para que Dios me lleve a donde el quería que vaya, descubrí dones y talentos que Dios me había entregado, y de los que muchas veces no era tan consciente. Dios me ha llevado exactamente a los lugares a donde quería ir. A pesar de las circunstancias que a veces nos rodean, trato de hacer lo mejor posible, sabiendo que siempre podemos hacer lo mejor para Dios.
Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aun. (Hebreos 6:10)
Es tan chévere dejarse usar por Dios. No tengo palabras para explicarlo. Yo no sé si tu llamado te lleva a cantar en el coro, trabajar con jóvenes o niños, ser creativo… en fin. Lo que sí sabemos es que tener un corazón dispuesto es lo más importante
Cuando Dios nos llama Él espera que le sirvamos con un corazón agradecido y dispuesto. Involúcrate, deja que Dios te use. Sé un instrumento para que otras vidas puedan ser ministradas. Te puedo asegurar que serás más que bendecido.